Finca del Marquesado Finca del Marquesado Finca del Marquesado Finca del Marquesado

Finca del Marquesado

de Bodegas Valdemar

Una finca única, expresiva y personal, origen de unos vinos que rompen categorías establecidas. Altura, identidad y expresividad.

Finca del Marquesado
Finca del Marquesado
Finca del Marquesado
Finca del Marquesado

Una de las mayores fincas de toda Rioja, un sueño de la familia desde hace más de 30 años, hoy convertido en realidad.

Renovación y tradición, cambio e identidad: desde hace más de 125 años, Bodegas Valdemar se reinventa partiendo de unos valores constantes: el trabajo en viñedo propio, el foco en la tierra, la vid, la uva. Finca del Marquesado es el nuevo fruto de esa filosofía.

Jesús Martínez Bujanda, tercera generación de la familia y experto en selección de terrenos, escribió el primer capítulo de esta historia. La altitud del terreno, con una media de 584 metros y parcelas que alcanzan los 640, así como la composición de su suelo, franco arenoso y arenoso arcilloso, la convertían en idónea para crear una finca extraordinaria, por calidad y diversidad.

Fue su hijo, Jesús, quien le convenció para comprarla, con la promesa de acometer una difícil plantación, dada la abundancia de canto rodado que presentaba la finca, una de las claves de su carácter. Preparar la plantación requirió casi dos años de trabajo, entre 1982 y 1984.

Desde aquella primera plantación, la finca fue creciendo, con la incorporación de terrenos colindantes, así como de una segunda parcela importante de 30 Has.

Hoy en día, Finca del Marquesado es una de las mayores de toda Rioja, con 187 hectáreas, 135 de las cuales son viñedo, con una media de edad de 30 años.

Es la quinta generación, Jesús y Ana Martínez Bujanda, quien tras varios años diseñando y alimentando este proyecto, estudiando y analizando cada parcela para cultivar en cada una de ellas la variedad más conveniente, escribe el último capítulo de la historia, con Finca del Marquesado Crianza.

Un vino elaborado con una selección de parcelas de tempranillo (70%), garnachas viejas que le dan un carácter afrutado, rico en matices (25%) y un toque (5%) de graciano que aporta vivacidad y equilibrio. Con un precioso color rojo cereza con tonos granates, limpio y brillante. Muy equilibrado en boca, fresco, muy redondo y con un postgusto largo y suave.

En pocas palabras: un vino con carácter y, sobre todo, un vino fruto de una historia compartida, por nuestro viñedo, nuestra familia y, por supuesto, por quienes lo disfrutan.