La gargantilla La gargantilla La gargantilla

La gargantilla

de Bodegas Valdemar

La Gargantilla es una parcela de esas que confiere un sello diferenciador. Por ello la familia ha decidido elaborar con una rigurosa selección de sus racimos un vino que trasmita esa identidad.

La gargantilla
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La gargantilla

Los grandes vinos nacen en parcelas especiales, viñedos singulares que dotan a sus uvas de grandes características y de una personalidad que la diferencia del resto.

La Gargantilla se encuentra en el Valle de Ocón, en Rioja Baja. Una historia que comienza con la cuarta generación de esta familia bodeguera, con Jesus Martinez Bujanda.

Su pasión fueron las viñas y la búsqueda de las mejores fincas y parcelas donde plantar sus cepas.

Jesús se enamoró en los años 70 de una finca increíblemente pedregosa. Junto con su hijo Jesus (actual presidente) estuvieron varios años preparando las tierras para su plantación, el mayor trabajo fue la retirada de cientos de camiones llenos de piedras.

Aun así, contiene gran cantidad de “cantos rodados” con tamaños que pueden llegar hasta los 50-60 cm y ausencia total de aristas debido al largo recorrido y erosión desde su origen en las sierras de cabecera hasta la zona de depósito. La sílice, de la que se componen, tiene la cualidad de poder acumular durante el día el calor producido por la insolación y liberarlo durante la noche. De esta manera se contrarresta a nivel de suelo la bajada nocturna de temperatura por el efecto de la altitud a nivel de vuelo. “Se favorece el trabajo de las raíces durante la noche”.

Una finca que no sólo destacaba por su suelo rocoso sino también por su altitud, una media de más de 574m frente a los habituales en esta zona de 370m. Esto provoca una mayor oscilación térmica entre el día y la noche favoreciendo la calidad de los frutos.

Es un suelo franco, de PH neutro con altos contenidos en fósforo y calcio y muy bajos en materia orgánica y magnesio. Posee una capa aluvial silícea muy permeable sobre una capa de limo arcilloso poco permeable, lo que hace que cualquier precipitación, por pequeña que sea, descienda rápidamente a las raíces y pueda amortiguarse la alta evapotranspiración de la época estival. Se produce de esta forma el justo “estrés hídrico “deseado.

Actualmente se han eliminado todos los movimientos de tierra realizados con las tradicionales labores de tractor. “No se labra De esta manera “se reduce el vigor del viñedo” produciendo “racimos más pequeños con uvas más pequeñas” que preconizan una “mayor calidad del vino”. Se ha reducido a mínimos el impacto ambiental de los herbicidas y el del paso de maquinaria.

Cuarenta años después, dos generaciones más tarde Jesús y Ana Martinez Bujanda junto a su padre deciden elaborar este vino donde mostrar la increíble personalidad de esta tierra y de la Garnacha allí plantada.

Un proceso cuidado y mimado hasta el más mínimo detalle. Antes de la vendimia manual se efectúa una “preselección de cepas” en base a criterios de equilibrio general entre masa foliar y producción estimada. Durante la vendimia, de las cepas preseleccionadas, se efectúa una “selección de racimos” escogiendo los menos compactos, que no estén sombreados en exceso en el interior de la cepa y que no presenten ninguna alteración que pudiera disminuir su calidad.

El transporte se efectúa en cajas de plástico de 200 kg. El transporte a bodega se realiza en camión cerrado. Allí se descargan las cajas que van directamente al almacén frigorífico a 10º donde se les baja la temperatura hasta el día siguiente que pasan por la mesa de selección.

Allí el equipo de bodega separa las partes sólidas no deseadas (zarcillos, hojas, pedicelos…), las bayas que no estén en perfecto estado (pasificadas, secas o en estado de maduración atrasado…). Todo esto con el fin de que sólo los mejores granos sean encubados.

A la vez que se realiza esta criba se segrega el mosto generado procedente de uvas más blandas para evitar su rápida evolución en color y aroma por oxidación.

Tras un respetuoso despalillado la uva es encubada en un depósito pequeño protegido con CO2 para evitar oxidaciones prematuras. La uva no se estruja con el fin de que sea el mismo peso de la uva el que vaya abriendo los granos y liberando el mosto.

Se practica una maceración pre-fermentativa a unos 12-13ºC de varios días con el fin de optimizar la extracción de color, precursores aromáticos… Minimizando de esta manera la acción mecánica sobre las pieles y semillas (roturas, laceraciones) .

La fermentación alcohólica se lleva a cabo a temperatura controlada por debajo de 25ºC, mientras que se practican remontados suaves y delestages según las necesidades en cada momento. El objetivo final es extraer los taninos más dulces de la piel y de las semillas.

Al terminar la fermentación se alarga el tiempo de contacto con los hollejos durante unos cuantos días con el fin de afinar su estructura antes de ser descubado según cata.

Una vez separado de las pieles, el vino reposará en barricas nuevas de roble francés de la más alta finura y calidad (sólo utilizadas previamente para fermentar nuestro vino blanco de viñedo singular, buscando rebajar su primer impacto más intenso). Durante la crianza se integrará toda la complejidad del carácter de la garnacha con la suavidad y elegancia de la madera. El protagonista y el que marca los tempos es el mismo vino, consideramos la crianza no como un fin sino como un medio para llevarlo a su más alta expresión.

Al acabar su estancia en barrica se embotella lo más rápidamente posible para que repose y revele poco a poco todo el potencial que atesora.   

Un vino garnacha que muestra la belleza y riqueza de esta variedad donde sobresalen las notas de la fruta junta con una gran variedad de matices que le confieren una personalidad asombrosa.

Esta primera añada de la gargantilla es una exclusiva producción de 4.040 botellas. Ha sido elaborado en las instalaciones de la pequeña bodega boutique de Inspiración Valdemar.