Escenas de vino (XII): Las uvas mecánicas

Viernes, 27 Octubre, 2017

Halloween ya está aquí y, al igual que el año pasado, queremos invitaros a disfrutar de la gran noche de los muertos paladeando dos de los mayores placeres de la vida: el buen cine y el buen vino.

Porque siempre es un placer degustar (con moderación, por supuesto) una copa de vino. Incluso cuando te encuentras en una situación algo, digamos, “tensa”: de hecho, ahí es cuando más debes recurrir a la serenidad, a los buenos modales en la mesa e incluso a tu pericia en las diferentes fases de la cata.

La escena que hoy os presentamos no es, desde luego, la más dramática de la película, pero nunca antes un “prueba el vino” había sonado tan aterrador; como el chico bueno que en el fondo todos sabemos que es, Alex obedece y su docilidad es recompensada con una copa de Château Saint-Estèphe Médoc. Y luego, con otra.

Si os estáis preguntando si el vino se corresponde realmente con el que aparece en la etiqueta,  la respuesta es sí, por supuesto. Dado el perfeccionismo de Stanley Kubrick no cabía esperar otra cosa. Pero no todo iba a ser tan sencillo: fijaros en el color de la copa. ¿No notáis un cambio?

La naranja mecánica” es, sin duda, una de las películas sobre la que más se ha escrito y teorizado. Por ejemplo, aquí dedican toda una sección a analizar la escena spaghetti and wine for Alex”. Afirman que el cambio de color de la copa no es casual, sino que esconde un simbolismo pictórico presente a lo largo de todo el metraje.

Aunque para otros la explicación es más sencilla: tardaron tanto en rodar la escena que fueron rebajando el vino con agua, para que el comensal / protagonista no sufriera una intoxicación etílica. Y es que así son los grandes clásicos: cuanto más hablamos sobre ellos, menos cosas sabemos.

Os dejamos ya con la escena y con Malcom McDowell, en su papel más mítico. Por cierto, Malcom sería muchos años después el actor elegido para protagonizar el remake-precuela de otro “clásico”: Halloween. Un reestreno del que ahora se cumplen exactamente 10 años. Todo encaja (aunque el final no sea siempre feliz).

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