FAMILIA

Bodegas Valdemar

Día tras día, desde 1889 hasta hoy: una misma familia, una misma pasión

Cinco generaciones trabajando con viñedos propios para elaborar vinos únicos: otro estilo de Rioja.

Una pequeña bodega, en un calado de piedra, en Oyón: así comienzan más de 125 años de historia.

Joaquín Martínez Bujanda la construyó para envejecer los vinos que obtenía de sus viñedos. Porque, desde el primer día, la pasión de nuestra familia siempre ha partido del mismo lugar, de la tierra y el viñedo propio.

Ese ha sido nuestro camino, nuestro trabajo, lo que nos interesa, lo que nos emociona: ofrecer algo personal, diferente, con carácter propio. Romper moldes para encontrar nuevas formas de ser siempre nosotros mismos.

El siguiente paso lo da Marcelino, hijo de Jesús, construyendo un nuevo calado en la zona alta del pueblo.

Con la siguiente generación, protagonizada por Jesús Martínez Bujanda, se inicia la época de las ampliaciones, de las primeras experiencias envejeciendo los vinos en tinos y barricas bordelesas. Pero sobre todo, Jesús consolida una de nuestras señas de identidad: la búsqueda de viñedos de calidad, de terrenos diferentes que sirvan de cuna a vinos únicos.

Siguiendo esa filosofía, el protagonismo del viñedo, la elaboración de vinos que sean expresión directa de la tierra, la tercera y cuarta generación, Jesús Martínez Bujanda, inician el proyecto Conde Valdemar, construyendo una de las bodegas más modernas y tecnológicamente avanzadas de su época. Una que, además, une tradición e innovación. Pionera con vinos que rompen moldes (blancos fermentados en barrica o monovarietales garnacha) y especialista en Grandes Reservas. Conde Valdemar crea nuevas modas y también vinos que están por encima de ellas.

La historia continúa con la quinta generación, Ana y Jesús Martínez Bujanda, que en 2008 hacen realidad un nuevo proyecto: Inspiración Valdemar. Un paso más hacia la calidad y la singularidad, buscando obtener la máxima expresividad de cada variedad y cada parcela. Vinos modernos, personales, que recuperan variedades autóctonas, construyendo a partir de ellas creaciones tan únicas como los monovarietales de Graciano y Maturana.

La búsqueda de nuevos retos nunca concluye: por eso, en 2016, Ana y Jesús lanzan un nuevo proyecto: Finca del Marquesado. Un vino de finca, de uno de los viñedos más importantes de Rioja. Un viñedo que, además, tiene un componente emocional importante, ya que fue uno de los grandes sueños de su abuelo Jesús.

Un vino que reúne los sueños y las ilusiones de varias generaciones.